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Cultura

Lleva tres años trabajando infiltrado en El Pimpi sin que nadie le haya contratado

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A.M.G, alias “El pocho”, de 24 años y residente en Carranque, relata como en 2014 estaba dando una vuelta por el centro y en un momento de cansancio justo al lado de la bodega El Pimpi decidió sentarse en el taburete junto a un barril de los que ponen fuera. Al poco rato vino un despistado y le pidió mesa para dos, a lo que el bueno de Pocho respondió con seguridad, “Si, ahí mismo entre la pareja y el caballero”.

Por lo que parece, A.M.G disfrutó de la sensación de gratificación del deber cumplido y al día siguiente volvió para hacer lo mismo. Pasaron los días y poco a poco “El Pocho” iba adquiriendo mas responsabilidades y aumentando su grado de amistad con los empleados. Hasta el punto de comprarse un uniforme y decirles que había sido contratado a media jornada.

Al ser varios turnos repartidos entre toda la plantilla nadie se percató de que era un infiltrado. Al final su presencia se tomó con normalidad y los jefes no se alarmaron en ningún momento. Al no estar asalariado ni dado de alta, Pocho sólo podía beneficiarse del reparto de las propinas. Pero a el no le importada, el era feliz en el Pimpi. “Por primera vez me sentí integrado en un grupo de trabajo. Los clientes me daban las gracias solamente por darles la bienvenida”. Dijo ante Diario Sur. El Pocho se metió a los clientes en el bolsillo y se ganó el corazón de toda la plantilla, que se echaron las manos a la cabeza tras enterarse de que A.M.G no era uno de los suyos.

El encargado de la bodega afirmó sentirse muy disgustado por la noticia, “El muchacho venía 4 horas al día y hacía una buena labor. Haremos todo lo posible por contratarle y pagarle todos estos años de servicio”. Una oferta que no sabemos si El Pocho aceptará, ya que por fin decidió salir del armario y ahora trabaja como go-go en un Pub liberal de Torremolinos. “El Pimpi me ha visto crecer y le doy las gracias por el trato recibido. Allí hacía cócteles y aquí me los trago”. Apuntó con una sonrisa picaresca.

El Pocho dejó de ir al restaurante de un día para otro y sin avisar. Pero ahora ha decidido sacar esta historia a la luz y pedir perdón a todos los que hayan podido sentirse ofendidos. “Tenía miedo a decirles que me iba a trabajara otro sitio y cuando fueran a echar mano de las fichas de empleado se dieran cuenta de que no soy de los suyos. Espero que no me lo tengan en cuenta y que algún día me inviten a una buena mariscada. Por mi sin rencores.” Concluye ante el mismo medio.

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